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El Multiculturalismo, los Valores y la Regla de Oro

Maxime Bernier

@ MaximeBernier

El multiculturalismo radical es la creencia errónea de que todos los valores y culturas pueden coexistir en una sociedad.

Ellos no pueden.

Debemos proteger a nuestra sociedad contra este tipo de barbarie.

Translated by / traducido por Nujad Ortiz

Multiculturalismo “radical”.

Es la tendencia populista del momento: poner la palabra “radical” delante de una palabra benévola, y hacerla parecer siniestra.

Sin embargo, como seguramente el Sr. Bernier sabe, Canadá es y ha sido una sociedad multicultural desde el principio, desde antes del principio, si se incluye la Ley de Quebec.

Canadá tiene una población muy diversa que proviene de todo el mundo. Hoy en día, aproximadamente uno de cada cinco canadienses es nacido en el extranjero. Aunque se podría pensar que esta es una estadística que funciona a favor del Sr. Bernier, no lo es. En 1921, el 22 por ciento de los canadienses nacieron en el extranjero, y en 1871, el 16 por ciento de los canadienses fueron recién llegados. Esta relación no es un nuevo desarrollo “radical”; es lo que siempre hemos sido. Históricamente, estos emigrantes también han venido de todo el mundo, con olas provenientes de países no occidentales como China, Japón, Pakistán, Sri Lanka, Somalia, etc.

El primer miembro del Parlamento árabe canadiense (Pierre De Bane) fue elegido en 1968 y el primer chino canadiense, Douglas Jung, fue elegido en 1957. Ha habido parlamentarios filipino canadienses, iraní canadienses, judío canadienses, y así sucesivamente. Canadienses nacidos en el extranjero procedentes de países no occidentales han servido en todos los niveles de gobierno en Canadá, elaborando políticas e influyendo en las agendas.

Se pensaría que las consecuencias radicales del multiculturalismo radical se habrían hecho sentir ya; en cambio, Canadá aparece constantemente como uno de los mejores y más seguros países para vivir en todo el mundo. Hay una razón por la que muchas personas deciden desarraigarse a sí mismas y a sus familias para venir a vivir aquí. La diversidad siempre ha sido y esperamos que siempre sea nuestra fortaleza.

Los principios del multiculturalismo canadiense son bastante simples: igualdad de acceso e igualdad de trato, respeto e inclusión, la libertad de ser respetado por lo que eres. Puede leerse los detalles de la Ley de Multiculturalismo de Canadá  (1985) aquí. Los beneficios del multiculturalismo han sido enormes. A un nivel básico, tenemos acceso a una gran variedad de opciones en cocina, música, arte, moda, etc. Por lo demás, Canadá y los canadienses se enriquecen mediante la inclusión de diferentes filosofías, enfoques variados para la resolución de problemas, ventajas económicas al tener conexiones y conocimientos en mercados extranjeros. La lista continúa.

Lo que nos lleva a la segunda mitad del argumento de Bernier, el que gira en torno a los valores.

Bernier cuenta con que su público desconfíe de las personas de países no occidentales por no compartir los mismos valores que los de ascendencia europea. No explica cuáles pueden ser estos valores diferentes, pero no es difícil descubrir lo qué está sugiriendo.

En una publicación reciente, la colaboradora Charlotte Crober de WHTO expuso los tipos de “valores” que plantean los nacionalistas como Maxime Bernier, y señaló que no eran nada nuevo. En todo caso, las mismas preocupaciones que se plantean contra los emigrantes de hoy en día se han planteado antes, y no se refiere únicamente a los recién llegados no occidentales. Hubo una época en que algunos canadienses pensaron que los emigrantes europeos de países como Irlanda, Italia y Polonia no tenían la misma ética laboral, valores familiares o respeto por la ley y el orden que los canadienses tenían.

No era cierto entonces, y no lo es ahora.

De hecho, se ha comprobado fácilmente que el más básico de los valores humanos es universal. La Regla de Oro: trata a los demás como deseas ser tratado; aparece en los textos clave de todas las principales religiones del mundo. El Islam, el hinduismo, el judaísmo, el budismo, el sijismo, incluso el cristianismo, tienen su propia variación sobre el tema.

Cuando pasas un tiempo conociendo al Otro, empiezas a ver esto de primera mano; de donde quiera que vengan las personas, todos somos fundamentalmente personas. John F. Kennedy lo dijo perfectamente:

Nuestro vínculo común más básico es que todos habitamos este planeta. Todos respiramos el mismo aire. Todos apreciamos el futuro de nuestros hijos y todos somos mortales.

Tendemos a centrar nuestra atención en las cosas que vemos diferente, particularmente extrema o mejor aún – radical. Es particularmente cierto en la política, donde la amenaza de esas diferencias juegan un papel importante en la conducción de donaciones y votos. Se necesita crear una propuesta de valor distinta para que las personas tengan claro por qué ellos  son una amenaza, y nosotros somos los únicos que podemos mantener bajo control esa amenaza.

Es extremadamente cínico, pero esas son las reglas del juego.

También puede ser extremadamente perjudicial.

Uno de los capítulos más oscuros de Canadá fue cuando recluimos a los japoneses canadienses  en el supuesto de que “ellos” no eran como nosotros, y de hecho que eran más leales a Japón que al país al que llamaban su hogar, y en el cual muchos habían nacido y crecido. Probablemente el capítulo más oscuro de nuestra historia involucra el maltrato radical de las poblaciones indígenas de Canadá. El sistema escolar residencial fue creado con la intención explícita de adoctrinar a los jóvenes de las Primeras Naciones en la cultura occidental. Los niños fueron arrancados de sus hogares y familias, obligados a negar su propia cultura e idioma, a ser algo que no eran, sufriendo horribles abusos en el camino.

En ambos casos, Canadá traicionó lo que no es solamente un valor occidental fundamental, sino un principio moral universal: tratar a los demás de la forma en que nosotros desearíamos ser tratados.

Al sugerir que los inmigrantes deben “adoptar valores canadienses ampliamente compartidos, valores de la civilización occidental”, Bernier no solo ignora la historia exitosa y multicultural de nuestro país, sino que también está haciendo eco de los actos más vergonzosos de nuestro pasado. Está dando a entender que “ellos” no comparten los mismos valores básicos que nosotros, y la implicación en esto no podría ser más clara: si no valoran las cosas como “nosotros” lo hacemos, entonces no merecen el mismo respeto y trato que “nosotros” tenemos.

Esto contrasta con lo que nuestra propia experiencia canadiense nos dice: que la diversidad es una fortaleza, y que todos, sin importar nuestra procedencia, compartimos los mismos valores básicos. Es al permitir que todos los que vienen a Canadá mantengan su propia identidad, solamente requiriendo que nos respetemos los unos a los otros; es de esta forma que nos hemos convertido en la gran nación que somos.

El enfoque de Maxime Bernier no favorece para nada “el volver a hacer grande a Canadá” – ya que amenaza todo que nos hace ya grandes.

Cualquiera que sean sus intenciones, la posición del Sr. Bernier es la equivocada; como hemos visto en otras partes del mundo, es el nacionalismo radical el que representa la mayor amenaza para nuestros valores.